¿Puedo correr si tengo un problema de salud?

Sabemos que correr es un ejercicio muy saludable y adaptable a todo tipo de persona y edades. Pero, ¿qué pasa si además tengo un problema de salud? ¿Debo tener alguna precaución específica? ¿Cómo empiezo? En el caso de sufrir algún problema como hipertensión, diabetes o asma puede preocuparnos cuál es el límite en el que el ejercicio deja de ser beneficioso o cuáles son las pautas que debemos de seguir para empezar a practicar deporte con seguridad. En Cosmethics queremos dar algún pequeño consejo para todas esas personas y animaros a empezar a practicar deporte de forma saludable.

Son muchas las personas que desean empezar a hacer deporte pero se sienten limitadas por sus problemas de salud. La falta de información al respecto puede hacer que evitemos el ejercicio por miedo a que éste tenga consecuencias negativas para nuestra salud cuando, bien realizado, puede aportar enormes beneficios.

En esta entrada pretendemos simplemente tratar algunas patologías comunes y dar pequeños consejos al respecto. De todas formas, cada caso es único y si padeces un problema serio de salud deberás consultar a tu médico de forma personal para que te aconseje sobre cual es el mejor ejercicio para ti.

– Asma: Padecer asma es algo de lo más común en nuestra sociedad, sobre todo en personas jóvenes. Es una enfermedad que obstruye las vías respiratorias, impidiendo la entrada normal de aire a los pulmones. El principal problema de empezar a correr para una persona asmática, es que fácilmente puede desencadenar una crisis con el ejercicio, poniendo en riesgo su salud. De todas formas esto no tiene por qué ser un impedimento si tomamos ciertas precauciones. De hecho, correr puede ayudar a mejorar la capacidad respiratoria. Debemos tener en cuenta nuestras limitaciones y ser conscientes de ellas. Para empezar a correr debemos de estar en situación estable de la enfermedad y controlada con la medicación necesaria. Una persona asmática debe empezar a hacer ejercicio de forma progresiva, calentando bien antes y sin hacer cambios bruscos de intensidad. Si utilizas inhalador de emergencia no lo olvides y llévalo siempre contigo por si fuera necesario. Eso sí, debes escuchar a tu cuerpo en todo momento y si el corazón y la respiración te dicen que hay que ir más despacio o parar, hazlo.

El asma no es incompatible con el deporte
El asma no es incompatible con el deporte

– Hipertensión: El ejercicio físico aeróbico es una de las principales medidas recomendadas para reducir los niveles de tensión arterial, junto con una dieta adecuada. Si padecemos hipertensión y queremos empezar a correr debemos tener en cuenta que el primer efecto sobre la tensión arterial que provoca el ejercicio es su elevación. Por eso, no debemos hacer un ejercicio intenso nunca sin tener la tensión controlada dentro de los rangos normales. Debemos empezar de forma gradual y mantener un ritmo constante sin demasiadas pendientes o zonas exigentes en cuanto a fuerza, ya que nuestra tensión podría dispararse. Lo ideal sería mantener un ritmo tolerable en sesiones de 30-60 min, sin grandes pretensiones en cuanto a ritmo y velocidad, pero sí en cuanto a constancia para beneficiarnos de este deporte.

– Diabetes tipo 2: Como en el caso anterior, el ejercicio aeróbico no sólo no está contraindicado, sino que se recomienda para mantener la glucemia estable. Cuando corremos,  ésta puede descontrolarse y alcanzar niveles demasiado altos (por falta de insulina y degradación del glucógeno) o bajos (por consumo excesivo de glucosa). También se pueden liberar cuerpos cetónicos, producto del consumo de grasas y que provocarían acidosis, pudiendo entrañar un riesgo grave para nuestra salud. Por eso es muy importante la supervisión médica y un control muy exhaustivo de los niveles de glucosa si queremos empezar a correr. Tenemos que empezar progresivamente y controlando la glucemia antes y después del ejercicio, adaptando la dieta y el tratamiento a estos valores.

– Sobrepeso: El exceso de masa corporal puede suponer un gran lastre a la hora de empezar a correr, ya que nos va a costar mucho más adaptarnos al ejercicio y resistir cierta intensidad durante cierto tiempo. Además, en personas con obesidad, puede suponer un mayor riesgo de padecer lesiones, ya que las articulaciones soportan demasiado peso y los músculos y ligamentos no suelen estar lo suficientemente fuertes para protegernos del impacto. Lo mejor para empezar a correr con sobrepeso y no lesionarse ni desmotivarse es empezar caminando. Las primeras sesiones deben ser solo eso, caminar. Después puedes ir incorporanto periodos de “correr-andar” según te vayas encontrando bien. Esto ayudará a adaptarte mejor al ejercicio a la vez que fortaleces los músculos del tren inferior mediante la caminata. Esto último es muy importante y no estaría mal acompañarlo de algún ejercicio específico para ganar fuerza muscular. Correr es una estupenda manera de perder esos quilos de más, pero no queremos que nadie se frustre en el intento por creer que no aguanta el ejercicio. Recordad que es cuestión de ir aumentando intensidad de forma progresiva y de ser constantes en el tiempo.

Estos cuatro problemas de salud son solo algunos de todos aquellos que pueden mejorarse con la práctica deportiva, pero siempre tomando ciertas precauciones y bajo un buen control médico.

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