Dermatitis atópica: ¿qué es y cuáles son sus consecuencias?

Esta semana, en Cosmethics, queremos hablar de un problema que afecta a muchas personas y que la mayoría de las veces no sabemos muy bien cómo tratar: la dermatitis atópica. Seguro que muchos os sentís identificados con ella, tanto por sufrirla en vuestra piel o porque la padece alguien cercano a vosotros.

La dermatitis atópica es una enfermedad crónica de la piel que raras veces se cura con carácter definitvo; por eso queremos analizarla en profundidad para que sepáis exactamente de qué se trata y cómo mantenerla lo más controlada posible.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria cutánea. Cursa con prurito (picor intenso), hinchazón y enrojecimiento de determinadas zonas de la piel. Puede aparecer a diferentes edades y en diferentes zonas del cuerpo, teniendo también distintos niveles de gravedad. Aunque afecta personas en todas partes del mundo, es más común en países desarrollados y su inicio suele ser durante la infancia.
Es una patología asociada a otras manifestaciones de la “atopia” como las alergias estacionales, asma o rinitis alérgica. Además tiene cierto carácter hereditario por lo que es habitual en personas con antecedentes familiares de dermatitis atópica o alguna de estas otras afecciones.
La condición de persona “atópica” hace referencia a la predisposición de sufrir ciertas condiciones mediadas por la IgE (inmunoglobulina E). Ésta es una molécula del sistema inmune que se encarga de las reacciones de hipersensibilidad o alergias.
Aunque la dermatitis atópica se relaciona con las alergias, ésta no tiene por qué estar causada directamente por la alergia concreta a una sustancia, si no que son otros factores los que parecen desencadenar sus brotes. Por eso su diagnóstico médico se hace en base al tipo de lesiones cutáneas y revisando la historia de antecedentes alérgicos sin existir una prueba concreta que lo confirme.
TIPOS DE DERMATITIS ATÓPICA:

Dermatis atópica
Dermatitis atópica

Dermatitis atópica del lactante: Es la edad de aparición más frecuente y muchas veces remite después de los dos años y no vuelve a aparecer o lo hace de una forma menos agresiva. Las lesiones suelen ser en forma de placas rojas y con edema (líquido en su interior) que supura por el rascado inconsciente.  La localización más frecuente a esta edad es a nivel de la cara, el tronco y las extremidades.
Dermatitis atópica infantil: Se da a partir de los dos años de edad,  muchas veces como continuidad de una dermatitis atópica del lactante. Se localiza característicamente en los pliegues de la piel, sobre todo en los de codos, rodillas y las comisuras bucales. Son zonas en las que se mantiene más la humedad y por lo tanto, las lesiones secan peor. Son típicas las vesículas con líquido y el picor intenso, que favorece la aparición de costras y heridas.
Dermatitis atópica del adulto: Aunque en muchos casos las lesiones en la edad adulta pueden tener el aspecto de la dermatitis infantil o del lactante, lo típico es que se presenten como placas mucho más engrosadas  y con aspecto de “cuero”, lo que se conoce como liquenificación. La piel aparece extremadamente seca, dura y con engrosamiento. El rascado favorece la ruptura de las costras, apareciendo también grietas y excoriaciones.
POSIBLES FACTORES QUE EMPEORAN LA DERMATITIS ATÓPICA:
Alergias: Como ya comentamos están íntimamente relacionadas con la DA. Aunque no tienen por qué coincidir, las épocas de alergia pueden favorecer la aparición de brotes de dermatitis.
Estrés: El estrés es algo que influye y mucho en la regulación de los procesos de la piel, haciendo que ésta sea un verdadero espejo de nuestro estado de ánimo. Las situaciones de estrés hacen empeorar a las personas con dermatitis atópica, agravando o desencadenando una reacción.
Cambios estacionales: El frío y los ambientes demasiado secos debilitan nuestra piel y hacen que la dermatitis empeore. El exceso de calor también influye de forma negativa ya que sudamos más y ésto tampoco resulta conveniente.
Alimentación: Es otro factor que se deja reflejar constantemente en el estado de nuestra piel. A veces incluso existe algún alimento que nos causa cierta intolerancia o alergia y desencadeba brotes de dermatitis sin que muchas veces ni lo sepamos. Por eso, es fundamental vigilar y tener cuidado con los alimentos más alergénicos como son los frutos secos, leche, huevos, marisco, frutos rojos, trigo o soja.
Prendas de vestir: Ciertos materiales como la lana, la lanolina o fibras sintéticas pueden empeorar el estado de la piel. Los tejidos suaves y naturales como el algodón son los que producen menos hipersensibilidad.
Cosméticos: El uso de jabones demasiado fuertes o de productos cosméticos con ciertos químicos en su composición pueden hacer que la dermatitis no mejore. Es fundamental usar un jabón muy suave, sin perfumes y una crema o aceite hidratante natural y adecuado para este problema.
Exceso de baños: Los baños demasiado prolongados o frecuentes o el uso habitual de piscinas hacen que la piel se reseque y empeore. Debemos evitar duchas y baños innecesarios y hacerlos con el agua templada, ya que si está demasiado caliente puede dañar la piel lesionada.
Cambios hormonales: Los cambios asociados a la adolescencia o a la menstruación pueden ser desencadenantes de los brotes de dermatitis atópica.
Deshidratación: Como en cualquier otra patología cutánea la hidratación es fundamental. Una piel seca es mucho más susceptible de evolucionar desfavorablemente así que no olvides ingerir suficiente agua cada día.
Esperamos que esta entrada os sirva para entender mejor como se desenvuelve la dermatitis atópica. Pronto os explicaremos sus posibles tratamientos y os daremos algún consejo para mantenerla controlada.
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